Estiramos un poco las piernas, para bajar el ágape matinal, y poder tirar del carro,
y nos llevaron hasta el punto de partida en Arzúa, donde sellamos en una parroquia la credencial e iniciamos la marcha, que, en principio iba a ser suave y sólo de 19,5Kms hasta Pedrouzo (luego se alargó 4 Kms más hasta Amenal).
El día se presentaba "más caluroso" que los anteriores, pero las temperatura de la mañana, 12- 14ºC nada tenían que ver con las del Levante (donde teníamos entendido que se estaban achicharrando).
Llegamos a un primer pueblo, donde preguntamos por dónde se iba hacia Santiago...supongo que no éramos los primeros...
Y, anduvimos hasta la primera parada de "repostaje" como unos 9 Kms, algo más monótonos que otros días y subiendo las temperaturas, pero ya con la sensación alegre de que nos quedaban muy pocos kms y la cosa estaba "chupá".
La parada fue cerca de Salceda, y, oh casualidades de la vida, hablando con un ciclista que paró en el mismo bar a refrescarse , resulta que ya nos habíamos conocido hace unos cuantos años, cuando me alquiló una casa rural en la Sierra de Francia. ¡qué pequeño es el mundo y qué fácil es encontrarse en el camino!. Me despedí de él, le dí recuerdos para su mujer, y nos deseamos mutuamente ¡Buen Camino!.
También Fran, que con su natural simpatía habla con todo el mundo, se paró a hablar con el jinete de este caballo que regresaba desde Santiago hasta su punto de origen ya que a la ida habían coincidido una semana antes, cuando nuestros guías acompañaban al anterior grupo.
El día ya se presentaba muy caluroso y marchábamos a paso más bien sinuoso y lento, hasta que a 25 Km de Santiago, sobre las 13hrs decidimos parar a comer la famosa tarta de orujo, que Rodolfo y Fran habían en encargado en el Mesón a Equipa. La tarta estaba riquísima pero nos dieron mal de comer, por lo lentíiisimos que nos sirvieron unos simples bocatas. Eso sí algun@s aprovecharon para descansar, comunicarse (la tecnología está presente en el camino, ¡como en el Siglo XII!) o engrasar los rodamientos
A duras penas reemprendimos la marcha, de la tarde. En el Km 21 quise hacerme una foto, ya que para los que hemos sido corredores es una distancia emblemática (media maratón). No sé porqué se me pasó el mojón del 42 el día anterior..., aunque creo que estaba allá por el río Iso en el que nos refrescamos los pies.
Pero para el resto del grupo era más significativo el km 20, situado en un bosque y además tenía sombra lo cual, a 30ºC, era definitivo a lo hora de hacerse foto "de familia",
Los altísimos eucaliptos, perfumaban el ambiente y competían con la esbeltez de estas buenas mozas, Mª José, Ceci y Pilar
Y, cerca de Pedrouzo, ocurrió lo que temíamos: la 2º bota de Simón, toda envidiosa de la 1ª por del trato mágico recibido de las manos de Fran y por el reluciente tuneado que aún duraba, desde la etapa anterior, decidió bostezar y echarse a dormir, con lo que rápidamente las fuerzas y cuerpos de élite, del servicio de emergencias "Fran-tasma del Camino", se presentó en el lugar del siniestro, con zapatillas de repuesto para Simón, llevándose en camilla a la susodicha bota para recibir urgente atención hospitalaria y de tunnnig.
En Pedrouzo, aproximadamente, que era el teórico final de etapa del día nos propusieron Rodolfo y Fran, que podíamos si queríamos alargar un poco más la etapa, unos 4 Km hasta Amenal, y así la etapa final de Santiago la reducíamos a sólo 16 Km, con lo que así nos sobrarían fuerzas para darle al botafumeiro... Además el resto del camino atravesaba unos bosques muy bonitos, sombreados y relajantes, con árboles tan sugerentes como éstos
Cuando llegamos al final de la etapa nos llevaron hasta el alojamiento donde nos íbamos a dormir esa noche, cuyo nombre está especialmente dedicado a mí, como saben quienes bien me conocen,
Descansamos en este agradable sitio y, cómo no, hicimos algunas fotos para el álbum del peregrino,
Y aquí me quedé sin batería en la cámara, por lo que lamentablemente no pude hacer más fotos
de Pilar, Luis, Simón y Rodolfo con los sombreros de peregrino. Luego en el jardín hicimos alguna que otra trastada con los columpios (casi los rompemos con lo mayorcitos que somos) y la cena en el restaurante que fue divertidísima. Colgaré alguna foto complementaria cuando el resto de la tropa me las mande. Os dejo, para retomar fuerzas, y en otro momento os narraré la llegada a Santiago.

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