Nos despedimos de la casa y del dueño, José, con un poco de penilla, pero prometemos volver algún día. Nos llevan al punto de salida en Palas de Rei e iniciamos la etapa, por qué no decirlo, al menos yo, con cierto respeto (o canguelo) por lo que tenemos por delante, pero enseguida se anima uno con los carteles de la salida del pueblo (¿y si dieran junto a la Compostela un completo de spa como premio?)
Así que seguimos andando con gran alegría y, sobre todo buen humor, propiciado por el cuerpo "jotero" que todos incluidos los guías llevamos. La sinfonía de verdes, de luces y claroscuros hacen la marcha muy agradable, y a veces se siente uno flotar...
En Leboreiro , a unos 9 Kms de la salida, cruzamos el mojón divisorio de la Provincias de Lugo y la Coruña.... ya estamos más cerca....
Y poco después (unos 4 Km) atravesando un puente románico llegamos a Furelos, donde como podéis comprobar el calor había que mitigarlo como fuera...a la última moda.
Y como quien no quiere la cosa, a mitad de la etapa, llegamos a Melide, la ciudad famosa porque tiene, aparte de varios monumentos románicos, el cruceiro más antiguo de Galicia (siglo XIV) y......tachín, tachín, redoble de tambores.... el mejor pulpo a la gallega que os podáis imaginar. Os recomiendo la Pulpería Ezequiel y, os aseguro que, convenientemente regado con los
"isotónicos"especiales de la casa, un ribeiro que estaba riquísimo, nos hizo olvidar totalmente el cansancio de la mañana, y darnos fuerzas para acometer los 15 Kms restantes de la tarde.
Así que si el menor pudor, cuando reiniciamos la marcha nos subimos al cruceiro.....
e incluso me atreví a portar el micrófono para la improvisada actuación estelar de Fran en un escenario, donde no recuerdo si cantamos y bailamos bachata, salsa, la yenca o unas manchegas, qué más da...
De esa guisa íbamos todos, alegres y con ánimo de soportar el calor de la tarde que nos acompañaría en los 15 Kms restantes. Llegamos al mítico Km 50 (siempre hablamos de lo que resta hasta Santiago)
y poco después me llama la atención un lavadero, de los antiguos, que hay muchos en el camino, donde un fiero y encadenado perro guardián protege a la lavandeira... pero termina siendo amigo nuestro,
Unos metros más allá se conoce que, como nos habíamos puesto las botas con el pulpo, a Simón se le amotinó, o más bien "abotinó" , una de las botas y dijo que tenía haaammmbre,
Lo que motivó la rápida movilización de los "cuerpos y fuerzas del camino". A los 5´ya teníamos a Fran recogiendo la hambrienta bota, para llevársela a reparar a la par que le trajo calzado de repuesto al amigo Simón, para continuar el camino. Más eficacia imposible. Poco después veríamos el perfecto tuneado de la bota realizado por el artista, que hizo nuestras delicias y las del resto de caminantes con los que nos cruzábamos, hasta el final del camino, ya que, todo hay que decirlo la bota aguantó los 45 Km restantes sin decir esta boca es mía, pero la otra bota, envidiosilla....ya veremos más adelante... qué pasó.
(no era un GPS, tal vez era un ambientador algo friki).
Aunque habíamos cargado suficientemente las pilas en Mélide, quisimos recargarnos todos de energía abrazándonos a los magníficos ejemplares de robles y eucaliptos que nos encontrábamos de vez en cuando en los numerosos bosques que atravesábamos.
También atravesamos, sin miedo, varios ríos, como el Boente, antes de Castañeda, que lleva muy poca agua en esta época del año en la que, a pesar del verde que podemos contemplar, es de sequía según nos informan,
El espectáculo visual, de colorido y naturaleza, flora y fauna, está asegurado a lo largo de la ruta, como con las hortensias y los caballos,
Y, ya próximos a nuestra meta , en Ribadiso da Baixo, llegamos al río Iso, en el que casi ninguno pudo resistirse a la tentación de refrescar los "neumáticos" en sus cogeladas aguas,
Así pues con esta parada técnica en boxes, pudimos llegar al final de esta maratoniana etapa, en Arzúa, dónde nos recogieron para llevarnos a la Casa das Corredoiras.
Preciosa casa granja, construida en el 2009, con todas las comodidades, con cultivos y animales, artilugios y objetos variopintos que la hacen muy interesante y entretenida, por cuyo jardín salimos al atardecer a estirar un poco las piernas, que falta nos hacía (por lo visto).
Y no contentos con el bucólico paseo, después de la cena y a pesar de la dureza del día, nos salió un improvisado karaoke-guateque, gracias a la música del iPad de Esteban, amenizado con los ritmos caribeños de Rodolfo y Fran, y suavemente remojado con licores autóctonos, en realidad innecesarios, pues la marcha la llevamos dentro del cuerpo desde que iniciamos el camino..., que pusieron el adecuado colofón a esta etapa magistral.
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