Interrumpimos la comunicación hace unos días y la reanudamos ahora, ya que los kilómetros y el programa apretado de cada día no me han dejado tiempo para escribir, descargar fotos, etc.
Así que más vale tarde que nunca y nunca es tarde si la dicha es buena, o algo.
Decíamos que en la primera etapa pasábamos el mítico Km 100. La etapa la hicimos muy suavemente, ya que no sabíamos ninguno como nos iban a responde las piernas y las ampollas. Deleitándonos con el paisaje y las flores
ciertamente el camino estaba adornado con hortensias, ainas, joannas, mariajoses, pilares y cecilias
Las sorpresas de vez en cuando nos entretienen y a veces rompen el espíritu del clásico camino, como en ciertos "monumentos al detritus" y a la basura que incivilizados dejan por el camino,o bien ciertos anuncios que me hacen gracia al pensar en lo que diría un peregrino del siglo XI....
Y, por fin, llegamos a nuestra primera meta volante, donde apreciamos el contraste entre lo nuevo y lo antiguo, como los puentes (nuevo y medieval) que cruzan el río Miño (embalse de Belesar que inundó el antiguo pueblo) para entrar en Portomarín
Las vistas son preciosas desde el puente moderno, al de abajo no fuimos pues ya estábamos cansados, y que conste que no era por no ir, que si hay que ir se va...
Del pueblo inundado prácticamente solo se salvó, por lo visto, la Iglesia de San Nicolás (Siglo XII), que fue desmontada piedra a piedra y vuelta a montar...
Hasta aquí vino Fran, nuestro apoyo móvil, con el coche portamochilas y neceseres varios y abultados......, bueno era otro modelo y marca, pero nos hacían los traslados de lujo.....
para llevarnos a Casa Roan (situada en mitad de la etapa del día siguiente) donde íbamos a pernoctar dos noches y engordar mínimo dos kilos por cabeza.
Pero esto ya lo cuento en otro momento.
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