Cuánto podemos escribir sobre el mundo que nos sustenta. Sobre el espacio en que se mueve nuestro mundo, nuestro sistema solar, nuestra galaxia.
Podemos ir desde lo infinitamente pequeño e invisible, del mundo de las partículas elementales, a lo inconmensurablemente enorme del universo, con millones de galaxias lejanas, invisible también, hoy por hoy a nuestros telescopios más potentes.
Podemos incluso transportarnos a otros universos paralelos inaccesibles no ya a nuestros sentidos, sino incluso a nuestro intelecto. Podemos pensar en un mundo, o incluso infinitos mundos anteriores a "nuestro" bigbang hace 13.800 millones de años, ¡ahí es nada!. Mundos que tuvieron "sus" propios bigbang natalicios y que terminaron después de un período expansivo, como el que ahora vivimos, en un colapso gravitacional, para fundirse en un hiper denso agujero negro, condensador de toda la materia y energía existente en ese universo.
Podemos pensar en futuros mundos similares a este pasado, infinito, con sucesión de expansiones y colapsos, separados por un agujero negro contenedor del todo. La materia y energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma...
Podemos soñar, incluso con infinitos mundos paralelos y "coetáneos" al nuestro, en otra dimensión, con modos de "vida" muy diferentes a la nuestra basada en el carbono, el agua y unos cuantos elementos más, y dimensiones inimaginables y completamente diferentes a nuestras clásicas 4 dimensiones, tres espaciales y el tiempo. ¡Inaprensible por nuestro cerebro limitado!.
Soñar, pensar, imaginar, explorar, investigar, interpretar, comprobar, explicar, razonar, teorizar son verbos que aplican y conjugan los humanos inquietos no solo en sus conversaciones, o su trabajo, sino en todos los actos de su vida, en su búsqueda de la verdad y de las explicaciones a lo que les rodea. Teorías e interpretaciones que dan sentido a nuestras vidas, a nuestro brumoso pasado e inquietante y apasionante futuro.
Podemos y debemos pensar, que, de la misma manera que en un pasado muy cercano, solo hace 3 millones de años, no existíamos como ahora nos vemos y sentimos, ¡éramos unos micos!, en un futuro quizás no muy lejano, dejemos de existir como ahora somos y nos sustituyan otros seres o entes superiores en inteligencia. Y algo más adelante, nuestro pequeño mundo, el de la minúscula e insignificante Tierra, queramos o no queramos llegará al fin de su periplo aniquilada, cuando el astro rey, nuestra estrella se convierta en una gigante roja y su diámetro alcance nuestra órbita. Esto se calcula que ocurrirá, ¡no temáis!, en unos 4 o 5.000 millones de años, es decir más o menos el tiempo que tiene nuestra querida Tierra desde que se supone se desgajó del Sol o aglutinó materia de la nube de Oort.
Antes de eso esperemos e imaginemos que quizás hayamos sido capaces del desarrollo tecnológico suficiente como para viajar y colonizar otros planetas, que orbitan alrededor de otras estrellas, similares al nuestro (no es descabellado, se han detectado algunos cientos ya, en nuestra galaxia), bien como seres humanos, bien como otras especies "super-humanas" más evolucionadas, antes de que nuestra civilización se extinga para siempre.