martes, 10 de junio de 2014

¿MONARQUÍA O REPÚBLICA?

Ante el debate surgido sobre el modelo de estado, a partir de la abdicación del Rey Juan Carlos I el pasado 2 de junio, he querido hacer una serie de reflexiones, comentarios y un poco de historia (me he centrado solo en los primeros años de la Transición) que considero son importantes para tomar una posición serena y sensata.

Nunca he sido partidario de que se “legisle en caliente” y, en esta ocasión,  me temo que todos los grupos que preconizan y empujan a sus seguidores a manifestarse por el referéndum sobre la consulta de modelo de estado incurren en el error voluntario (no creo que involuntario) de la precipitación y de la falta de análisis, reflexión y objetividad en un tema tan importante como éste.

Quieren hacer borrón y cuenta nueva de todo lo que ha sido la Transición y estos 36 años de Constitución democrática consensuada por todos los partidos. Quieren obviar todo lo bueno que haya podido aportar a la democracia española estos años de convivencia bajo la jefatura de Juan Carlos I, que, en mi opinión fue el principal artífice, junto a Suárez y  Fernández Miranda de trazar el camino,  y luego,  con la participación y el protagonismo indiscutible de Felipe González, Santiago Carrillo y tantos otros políticos de todos los colores,   del impulso y consolidación de la democracia en este país.

Me parece sumamente injusto no reconocer el papel fundamental del Monarca, y, dicho lo cual, nada impide que nos podamos plantear si otro tipo de sistema de estado es mejor o no y en qué condiciones podemos avanzar hacia el cambio. Evidentemente errores ha habido en todos estos años, pero el balance global que hacemos muchas personas, que ya pudimos votar en el primer referéndum para la Reforma Política del 76,  es decididamente positivo. La España que conocimos hasta la muerte de Franco no se parecía en nada a la que fue surgiendo a partir de las primeras reformas. Los vientos de Libertad  - ¿recordáis Jarcha, con “Libertad sin ira”? - recorrían todos los espacios, calles  y momentos. Nos sentimos importantes y protagonistas de un cambio sin precedentes en España. Yo me siento orgulloso de aquello y defiendo a capa y espada a todos los protagonistas de la Transición, aunque algunos hayan cometido errores, como por otra parte es inevitable a lo largo de los años cuando se toman decisiones.

Me siento orgulloso y aprecio todo el esfuerzo que realizó la Sociedad española en su conjunto, a pesar de la corrupción de algunos. Siempre la ha habido y siempre la habrá, pues es inherente a la codicia y condición  humana y lo que hay que hacer es perseguirla, como se hace o se intenta hacer ahora y,  si cabe,  aún más intensamente,  para reducirla  a su  mínima expresión. En otros tiempos no se perseguía.

Ahora durante el inevitable reinado de  Felipe VI tan y como marca la Constitución que nos representa a todos, se quiera o no, se tuviera o no derecho a voto en el 78, tendremos la posibilidad de plantear, según los mecanismos legales establecidos,  los cambios oportunos que, en mi opinión deberán  llevar  en sus programas los partidos políticos que se  presenten a las próximas elecciones del 2016.

Aspectos previos a tener en cuenta:
·         No es prioritaria la toma de decisión en este momento. Para la ciudadanía es mucho más importante el problema de la crisis y atajar el paro que el de cambio de modelo de estado. Se trata de un debate oportunista, ahora que el Rey ha abdicado, que de producirse hubiera sido más adelante.
·         Los que proponen República y no hablo solo de políticos sino de ciudadanos a los que, de repente, les ha entrado la fiebre del referéndum republicano ¿qué tipo de república quieren? ¿se lo han planteado? ¿les ha dado tiempo? Me parece que se quiere empezar la casa por el tejado. Vamos a sosegar el debate porque tendremos que valorar los pros y los contras de cada tipo de estado, al fin y al cabo igual de democráticos.
·         Las monarquías, lo mismo que las repúblicas pueden ser democráticas o dictatoriales, gobernadas por partidos de derechas o de izquierda. Es falso el dilema Monarquía o Democracia, como plantea Cayo Lara de Izquierda Unida, porque en España tenemos una Monarquía parlamentaria democrática, al igual que otros países europeos de sobrada tradición democrática como Noruega, Reino Unido, Bélgica, Holanda o Luxemburgo. Y, por contra,  hay Repúblicas a las cuales no me gustaría que nuestro país imitara jamás como Irán, Israel, Cuba o Venezuela porque no respetar los derechos humanos más elementales.
·         Los que se manifiestan a favor de la República son solo una parte de la población. Hay una mayoría silenciosa que no sale a manifestarse y que también tiene su opinión sobre si desearían una cosa o la otra. Por lo tanto es falso colegir que todo el pueblo español quiere una opción determinada por el ruido de la calle. Es correcto deducir si es mucha la gente que se manifiesta, que los partidos que movilizan a la misma en la calle, tienen mucha fuerza y apoyo, pero ¿en qué medida?
·         El cambio sobre modelo de estado solo se puede hacer de dos maneras: dentro de la ley  (Título X de la Constitución) o fuera de la ley (golpe de estado). Una iniciativa popular de referéndum para cambiar el modelo de estado, según la constitución,  requiere de 500.000 firmas y una aprobación por 2/3 de Congreso y Senado, posterior disolución de las Cortes  y aprobación por 2/3 de ambas cámaras recién elegidas, con ratificación posterior en referéndum por la ciudadanía. No caben atajos.
·         Por tanto hasta que no lleven los partidos políticos que se presenten a las próximas elecciones generales de 2016, en su programa electoral, el cambio de modelo de estado a República, o cualquier otro cambio constitucional, y salgan elegidos mayoritariamente, como para tener 2/3 del congreso y del Senado, mínimo, no será posible dicho cambio. Para ello los partidos deberán trabajar, y mucho, de aquí a entonces para elaborar el borrador de modelo de República por el que van a luchar para que los ciudadanos tengan claro lo que van a votar. Yo soy partidario de esa vía, como no puede ser de otra manera.
·         El Estado debe garantizar el cumplimiento de la Ley, la Constitución, precisamente para proteger a los débiles, los fuertes ya sabemos que se bastan a sí mismos (desgraciadamente). Porque el día que nos podamos saltar la Ley, los más fuertes tendrán las de ganar (véase golpe de Estado).
·         La Constitución se puede y se debe cambiar siempre que sea para mejorar o para adaptarse a los nuevos tiempos, por las vías democráticas previstas. La votamos democráticamente todos los españoles en referéndum del 6 de diciembre de 1978,  un año antes, el 15 de junio del 77  tuvimos la primeras elecciones democráticas, con todos los partidos legalizados. ¿Por qué habríamos de derogar totalmente la Constitución? ¿no será mejor cambiar solo los artículos que se propongan y voten por las cámaras? ¿acaso carece de legitimidad porque tiene 36 años? La constitución de Estados Unidos es de 1787,  es decir tiene 237 años de antigüedad y ha tenido 27 enmiendas a lo largo de la historia, 10 de las cuales son de 1789 y la última de 1971 es decir  hace 43 años.  La constitución Noruega tiene 200 años (1814) y su última enmienda se produjo hace dos años. La constitución actual francesa tiene 56 años (1958) y la última modificación es de 2008. Nuestra Constitución del 78, la única Constitución de la historia de España que ha sido votada en referéndum de los ciudadanos previo consenso de todos los partidos (salvo PNV), sólo tiene 36 años y la última enmienda fue aprobada hace escasamente 3 años. Por tanto el argumento de que nuestra constitución no la han votado personas que no habían nacido o que eran menores de edad en el año 78 no me vale para rechazar de plano la Constitución Española, porque por esa regla de tres en otros países tendrían que haber derogado sus constituciones.
·         Las personas que éramos mayores de edad al inicio de la Transición y que vivimos intensa y decididamente todos los cambios y transformación del antiguo régimen franquista, al nuevo régimen democrático, seguimos opinando y nuestro voto tiene exactamente el mismo valor que el de cualquier otra persona, sea de la generación que sea. No puedo admitir que el voto o la opinión de una persona de 18 o 35 años valga más o menos que el mío. No puedo admitir que se esgrima como razonamiento para cambiar algo que es viejo como sinónimo de caduco. No quiero ni pensar en el caos y el coste económico que tendríamos si  cada nueva generación española, cada 5, 10 o 15 años  tiene que estrenar Constitución. Otra cosa son las reformas. Los cambios de la sociedad son graduales, día a día, pero siempre hay que contar con una masa importante de ciudadanos de todas las edades y condiciones con capacidad de votar y decidir. Es un error valorar la voluntad de los ciudadanos sólo por una parte de ellos que están más dispuestos a movilizarse y  a salir a la calle, o lo contrario, prefieren estar en silencio. La voluntad del pueblo se expresa en las urnas. La voluntad de algunos o de muchos, pero no todo el pueblo, se expresa en la calle o no se expresa. Si algún día avanzamos hacia una sociedad en la que poseemos todos los ciudadanos suficientes medios telemáticos y adecuada preparación, como para que las consultas a la ciudadanía puedan ser frecuentes, seguramente estaremos ante un nuevo paradigma de modelo de democracia participativa más directa. Pero hoy por hoy todavía es un proyecto utópico.
Hitos históricos de la Transición Española hasta el referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978
Y aquí hay que hacer un poco de historia, que recomiendo a todo el mundo antes de ponerse a opinar de cualquier manera sobre Monarquía / República esgrimiendo argumentos  que falsean la historia a su conveniencia.
Podemos defender, y yo defiendo, la República como sistema que quiero para España, pero no puedo hacerlo falseando el extraordinario trabajo de reconciliación que se ha realizado en este país, por los ciudadanos, por los políticos y por el propio Rey,  a partir de la muerte de Franco.
Es por ello, por lo que no puedo tolerar, hieren mis oídos, tantísimos comentarios despreciativos, insultantes y tan carentes de coherencia que se estar vertiendo en estos días, por algunos medios de comunicación y redes sociales, propiciados o no por partidos políticos o colectivos, en relación  a los viejos, a los del “régimen del 78”, a los de la “casta”. ¿Qué dirían estos personajes de los fundadores de la constitución de 1814 de Noruega aún hoy vigente, por ejemplo?
De viejos o caducos, nada de nada. Tenemos mucho que aportar a esta sociedad, sobre todo para construir, no para destruir, que es mucho más fácil y cobarde.
Si algo positivo podemos extraer de nuestra historia reciente, de la Transición, es  la capacidad de entendimiento y de esfuerzo de los españoles,  la disposición a  dejar a un lado el deseo de “derrotar al contrincante” para poner en frente la pretensión de consenso y negociación, en una etapa en la que no sólo los “monstruos” del antiguo régimen franquista, que aún estaban despiertos, sino también los terroristas de ETA y GRAPO  luchaban en contra de la transición a la democracia por la vía pacífica.
Los hitos de aquéllos años de la Transición, que no debemos olvidar, con el fin de hacer una valoración justa y objetiva del pasado son:

·         La transición del régimen franquista hacia la democracia, a partir de la muerte de Franco e el 20 de noviembre  1975,  fue todo un ejemplo de cambio pacífico, no rupturista, capitaneado por el propio Rey Juan Carlos junto a  Torcuato Fernández Miranda, catedrático de Derecho Político, profesor de Juan Carlos y verdadero estratega de la transición democrática  y  Adolfo Suárez, inicialmente  desconocido y hombre gris del Movimiento. Suárez que el 1 de julio de 1976 sustituyó a Arias Navarro (acérrimo franquista)  como presidente de gobierno después de hábiles maniobras de Fernández Miranda y el Rey , sin embargo,  fue el máximo fajador y negociador los importantísimos cambios de aquellos años,  logrando el consenso necesario con todas las fuerzas del antiguo régimen (que se oponían frontalmente a cambiar el régimen franquista, Movimiento, Ejército),  las reformistas (liberales, democristianos,  AP) y las rupturistas e independentistas (PSOE, PCE,  PNV, etc.) que no existían entonces como partidos legalizados. Los pasos hacia la democracia se tenían que dar con pies de plomo pues la oposición al cambio era terrible y el miedo a la involución era elevado. Antes, en junio del 76, el Rey Juan Carlos hizo un discurso ante el congreso de EEUU en el que expresaba su deseo y compromiso para conseguir que España avanzara hacia un régimen democrático. 
·         Los españoles votamos SI mayoritariamente en el Referéndum  para la Reforma Política (que daba paso al nuevo sistema democrático) del 15 de diciembre de 1976. La participación fue del 77,4% y de esa salió un 94,2% positivo. Los españoles dijimos SI a la reforma propuesta por el gobierno y NO a la ruptura. El sistema no era una democracia todavía pues aún no estaban reconocidos  los partidos políticos ni organizaciones sindicales. Además aún faltaba disolver el Movimiento, la amnistía política total, despenalización de pertenencia a partido político, etc., pero se había dado un paso de gigante en el avance hacia la democracia en aquella fecha.
·         El 22 de diciembre del 76 es detenido Santiago Carrillo, líder del PCE, pues aún era delito en España pertenecer a un partido. Pocos días después, el 30 de diciembre, simultáneamente a su liberación el gobernó aprueba la disolución del temible TOP, Tribunal de Orden Público, creado por el franquismo para perseguir judicialmente, con la máxima dureza los delitos de expresión, reunión y opinión entre otros.
·         El 11 de enero del 77 se reúne Suárez con la llamada Comisión de los Nueve integrada por distintos políticos de la oposición, entre los que se encontraba Felipe González, Joaquín Satrústegui (liberal), Anton Caneyas (democristiano) y Julio Jáuregui (País Vasco). Convencieron a Suárez para  modificar la ley de Asociación con el fin de que los nuevos partidos políticos  no tuvieran que contar con la autorización previa del Gobierno, sino solo por su mera voluntad de constituirse, con la salvedad de lo que pudieran dictaminar los tribunales de justicia. Comenzó la época del “consenso”,  más como fruto de una esperanza y una meta compartida por todos que como una planificación milimétrica de los políticos y del Rey.
·         En esos días de enero del 77 se producen una serie de atentados terroristas, cuyo balance fue aterrador: 10 asesinados, 15 heridos gravísimos, dos secuestros de estado y que consiguieron elevar la tensión política y la angustia de los españoles hasta límites insospechados. Fueron protagonizados por los dos extremos que se oponían al proceso democratizador: los GRAPO con los secuestros de Emilio Villaescusa, Presidente del consejo supremo de Justicia Militar y el de Antonio María de Oriol, Presidente del consejo de Estado (efectuado el mes anterior justo antes del referéndum); la matanza de Atocha a manos de dos pistoleros ultraderechistas, que asesinaron a 5 abogados laboralistas (y 4 malheridos) vinculados al PCE y CCOO; la muerte un dos estudiantes en sendas manifestaciones, uno a manos de un ultraderechista y otra por un bote de humo en la carga policial. Había intentos por los dos extremos de la sociedad española en reproducir la guerra civil: desde la ultraderecha intentar la represión por el fascismo y desde la ultraizquierda para que la reforma se quedara ahogada en sangre y buscar la soñada revolución popular. El PCE, Carrillo, dieron en el entierro de los asesinados de Atocha una lección de democracia ejemplar, a pesar de la tensión del ambiente el entierro fue multitudinario y en silencio. Se avanzó hacia la legalización posterior del partido comunista. El 28 de enero, el GRAPO vuelve a atentar dos veces y mata a dos policías y un guardia civil, dejando gravemente heridos a 3. En el entierro de vivieron momentos de elevadísima tensión, por parte de los militares y extremistas de derechas que culpaban al gobierno de las muertes. Esta fue la semana más difícil de la Transición y en ello coincidieron todos los líderes políticos de entonces, como Felipe González o Rodolfo Martín Villa.
·         En Febrero de 1977, liberan a los dos secuestrados y se inscriben todos los partidos con arreglo a la modificación consensuada entre Suárez y la oposición. Salvo el PCE.
·         A finales de febrero se produce la primera reunión cara a cara de Suárez con Carrillo y acercan posturas para la legalización. A cambio de ello Carrillo se compromete a respetar la monarquía y evitar la agresividad.
·         En marzo del 77 se suceden una serie de cambios legislativos que avanzan en la buena dirección: DL  que regula el derecho de huelga, cierre patronal y despido; indulto a presos acusados de terrorismo, DL para aprobar normas en próximas elecciones (Ley de D`Hondt) para permitir presencia de minorías en las cámaras,  ley Sindical que legaliza todos los sindicatos ilegales hasta ese momento (UGT, CCOO Y CNT).
·         En abril del 77 Suárez adopta otras medidas: disolución del Movimiento Nacional (único partido del franquismo) y eliminación de todos sus los símbolos. El 9 de abril, Suárez, con el conocimiento de sus ministros y del Rey, anuncia la legalización del PCE.  Los mandos militares se sienten traicionados y se produce la dimisión del Ministro de Marina. El 14 de abril, aniversario de la República y en plena reunión del comité Central del PC se acepta por parte de los comunistas la bandera roja y gualda, la monarquía y la unidad de España, como así había pedido Suárez a Carrillo unos días antes a fin de evitar la explosión del ejército. Era el precio por conseguir un sistema plenamente democrático con elecciones libres.  El 15 de abril el consejo de Ministros adopta la decisión de convocar elecciones generales para el 15 de Junio. También en abril se produce el regreso de exiliados de la izquierda como Dolores Ibárruri (Pasionaria), Rafael Alberti, Federica Montseny, etc.
·         En mayo se produce la renuncia de los derechos dinásticos de D. Juan de Borbón a favor de su hijo Juan Carlos.  Torcuato Fernández, que tanto había aportado a la agilización y limpieza de la transición, renuncia a su puesto. Nace la UCD, partido de Suárez.
·         15 de junio de 1977: primeras elecciones democráticas después del franquismo. Gana UCD, seguido de los partidos PSOE (Felipe González) , PCE (Santiago Carrillo) , AP (Manuel Fraga) , PSP (Enrique Tierno), PDPC(Jordi Pujol), PNV y otros partidos de izquierda o independentistas.
·         El primer gobierno de la democracia nombrado el 4 de julio por Suárez tiene 3 misiones fundamentales: elaborar la Constitución junto con el resto de fuerzas políticas, sacar el país de la profunda crisis imperante y, por último desarrollar el modelo territorial que asimile las reclamaciones de autogobierno de Vascos y Catalanes.
·         Para la salida de la crisis se firmaron entre todas las fuerzas políticas, el 25 de octubre del 77, los Pactos de la Moncloa que incluían dos tipos de medida, las de saneamiento (para bajar la inflación del 40% y reequilibrar la balanza de pagos) y las redistributivas (reforma fiscal y Administración tributaria, así como Estatuto de los Trabajadores) para que el coste de la crisis se soportara de forma más equitativa. Sin embargo lo que funcionó mejor fue la parte de saneamiento, retrasándose mucho la reforma redistributiva. La inflación bajó considerablemente, del 26% en el 77 al 16% en el 78, la balanza de pagos se equilibró en el 77 y en el 78 obtuvo superávit. En cambio el paro subió del 6 al 10% en esos dos años. A pesar de la oposición creciente de los sindicatos a los pactos, permitieron evitar las convulsiones sociales propias de una situación de grave crisis.
·         La cuestión autonómica, reivindicada por Catalanes y Vascos, y, en menor medida Gallegos,  genera, fruto de arduas negociaciones los estatutos de preautonomía para Cataluña y el País Vasco. Suárez en el proceso de negociación con los catalanes reconoce que todas las regiones españolas tendrán que tener su propia autonomía. En el País Vasco se siguen produciendo atentados terroristas que torpedean los acuerdos. Finalmente en todas las regiones de España se crean Asambleas de parlamentarios que exigen negociar con el gobierno el establecimiento de un régimen preautonómico.
·         El tercer reto importante del primer gobierno de la democracia, elaborar la Constitución, se inicia el 27 de julio de 1977 con el nombramiento de la Comisión Constitucional de 36 diputados, pero la encargada de redactar un borrador de Constitución previamente será una ponencia compuesta  por 3 diputados de UCD, 1 de PSOE, 1 de PCE-PSUC, 1 de AP y 1 de Minoría Catalana. El objetivo de Adolfo Suárez y del Rey era que ésta fuera una Constitución hecha entre todos y para todos, aprobada con los votos de todas las formaciones políticas de la cámara. No se quería una constitución de unos contra otros, de vencedores contra derrotados. La ponencia, después de unos meses de tira y afloja tensos, presenta el 5 de mayo de 1978 a la Comisión el anteproyecto de Constitución y siguen las deliberaciones y negociaciones entre los miembros de la comisión, con muchísimos encontronazos y desacuerdos, pero al final llegando a pactar un texto satisfactorio para todos los partidos (salvo PNV)  y votándose, a pesar de otros dos asesinatos a manos de ETA,  en el Parlamento el 21 de Julio del 78 la Constitución. Todos los partidos hacen una defensa cerrada del estado de derecho y de llamada a la calma de la ciudadanía y de las Fuerzas  Armadas (había miedo a golpe de estado). Las tentaciones de golpe de estado y alguna conspiración, como la Operación Galaxia, habían  sido protagonistas de los dos años desde la designación de Adolfo Suárez y siguieron siendo protagonistas como sabemos. El 31 de octubre de 1978 se aprueba en Congreso y Senado el texto de la Constitución, 325 votos a favor, 6 en contra y 14 abstenciones  en el Congreso y 226 votos a favor, 5 en contra y 8 abstenciones en el Senado. Se trata de la primera Constitución de la Historia de España elaborada con el respaldo de todos los grupos parlamentarios, salvo PNV, es decir el respaldo de casi toda la ciudadanía. El 6 de diciembre de 1978 se efectúa el referéndum y con una participación del 67,1% de los ciudadanos, el 88,54% vota que SI y un 7,89% vota que NO. En el País Vasco, con una abstención del 55,35%, el 70,24% vota que SI y el 23,9% vota que NO. En Cataluña, con una participación del 67,9% el 91% vota SI y el 4,5% vota NO. En Galicia con una participación del 50%, el 90% vota afirmativamente y el 5,9% dice NO.


Con este resumen histórico de los principales sucesos ocurridos hasta el referéndum de la Constitución del 78 he pretendido dar todos los argumentos que nos permiten a los demócratas legitimar el Estado de Derecho que tenemos actualmente, ya que hay personas que unas veces olvidan el pasado, no siempre involuntariamente,  y otras  veces lo manipulan de forma torticera.

Con posterioridad se han vivido gobiernos de uno y otro signo, se han vivido momentos excepcionales, como el golpe de estado del 23 de febrero de 1981, entrada a la CEE, Referéndum de la OTAN, momentos de extraordinario dolor por los atentados terroristas de ETA y del terrorismo yihadista, que no siempre nos han unido. Pero sobre todo se ha construido un país democrático consolidado que cree en su futuro y en su identidad, con todos los problemas actuales de crisis económica y nacionalista, de las que sin duda saldremos, pero unidos y no enfrentados.


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